lunes, 18 de agosto de 2025

Por Qué La Verdad Revelada Dejó de Ser La Razón del Movimiento Meditación de Iván Baker,

Por Qué La Verdad Revelada Dejó de Ser La Razón del Movimiento
Meditación de Iván Baker, 14 de Abril de 1999

Es el día 14 de abril de 1999 y mi meditación es en torno a lo que debemos tratar a fin de mes en el retiro del equipo apostólico en Pontevedra. El contenido, creo, debería ser un repaso de la verdad que Dios nos reveló, más un análisis de por qué, a mi juicio, esa verdad fue sepultada,  y dejó de ser el centro mismo y la razón de este movimiento de restauración de la Iglesia. 

¿En qué punto se desvió el mover? ¿En qué punto entró en vía muerta? ¿Qué error hemos cometido? Cada uno necesitaría hacer su propia calificación. Quién cometió el error lleve la culpa, y no los que no se rindieron ante el camino que siguió últimamente, el cual llamo "la vía muerta de este movimiento". 

Debiéramos estudiar punto a punto las razones por las que dejamos de ser hacedores de la verdad y nos transformamos en meros oidores, engañándonos a nosotros mismos. Yo creo que tiene que haber un sinceramiento, un mea culpa. Pero mucho más allá de buscar culpar y condenar a otro, tenemos que ser honestos en reconocer la realidad y escucharnos el uno al otro en ese sinceramiento. Yo diría que muchos abandonaron completamente todo aquello que fue la fuerza impulsora del principio. Se levantaron, con los años, generaciones de discípulos cada vez más débiles, cada vez menos avezados, menos entendidos en lo que significaba este mover del Espíritu. 

En el principio teníamos pasión; habíamos sido transformados; habíamos recibido una formidable modificación de nuestra teología, habíamos repudiado los graves errores en los que habíamos caído, al punto de no saber qué era el evangelio, qué era el bautismo en agua y hasta habíamos  cercenado y achicado el bautismo en el Espíritu Santo.

Debemos volver a recordar las verdades reveladas para hallar la diferencia entre ellas y nuestro estado actual. Existe, entre estas dos cosas, un contraste marcado, importantísimo. Nos urge señalar, denunciar  y contrastar el error con la verdad; hacer bien claro el desvío para que la verdad brille y se manifieste en todo su fulgor. Al denunciar el error debemos espantarnos de las fallas que hemos cometido, de la teología barata, sinuosa, incompleta y desviada de la verdad que hemos llegado a abrazar, la cual persigue la complacencia humana más que la declaración divina de lo que Dios ha hecho. Dios nos reveló aquellas verdades junto con condiciones, con exigencias que se fueron olvidando, que no se contemplaron. 

Y por mucho tiempo nos hemos dedicado a curar la herida  del pueblo con liviandad. La teología barata nos enseña que hay que predicar un buen sermón y cerrar en una nota alta, alegre y positiva,  para que la gente no se vaya triste ni cabizbaja. Que siempre tenga un tono de alegría, que siempre tenga un tono de paz. Que transmita la idea de que  todo se arregló. Una liviandad en la que no importa el Reino de Dios sino que  lo importante es  que el hombre se sienta bien. Se busca evitar que la Iglesia llore, se aflija, clame por sus miserias. Si ministramos de este modo curamos con liviandad la herida del pueblo, y hemos sido descalificados como edificadores. 

Y es notable la masa enorme de gente que se ha ido porque ya no creyó más en nosotros. Vino naciendo a un movimiento de restauración y se fue confundida con toda las doctrinas de error que admitimos y dejamos entrar por no saber martillar la verdad al punto de inculcarla con cincel divino, con profundidad espiritual.

Poco a poco ingresó entre nosotros el clericalismo, del cual nos habíamos librado. Algunos, nuevamente,  quieren hoy acentuar una diferencia equivocada entre los pastores y las ovejas y hemos perdido el concepto de iglesia-familia en la que cada miembro posee el mismo llamamiento de santidad y propósito, en el que cada miembro está dotado de energía espiritual y dones. Se ha ido perdiendo el concepto de cuerpo. Cuerpo vivo, unido con coyunturas que se ayudan. Se ha ido perdiendo el ministerio fundamental de cada miembro, que nos previene de volvernos un organismo inútil. Esto nos ha llevado a volver a embarcarnos en prácticas de iglesia que solo logran producir un "mantenimiento" sin transformación por la ausencia de relaciones profundas de los miembros entre sí. Pero nuestro estilo actual nos impide denunciar lo que ocurre, obligándonos a siempre dejar la audiencia en una nota positiva, que no incomode.

Debemos reconocer que tenemos un cuerpo de pastores en el que algunos de ellos nunca han hecho discípulos, lo cual es uno de los peores calificativos que puede tener un pastor: el no hacer discípulos. Hemos llegado a no tener preocupación por esto, pues hemos dejado de creer que los pastores deben ser hombres capacitados en ganar y discipular a otros. Hemos llegado a admitir un pastorado que no forma vidas, que no ganas los hombres del mundo, que no se ocupa de evangelizar, representando un mal ejemplo para la Iglesia. Esto detiene la marcha de toda la Iglesia, y dado que la inercia original se ha perdido, debemos ahora crear eventos que no son más que un entretenimiento pastoral rutinario. 

No es que crea que yo he logrado grandes éxitos, pero estoy convencido de que en Cristo hay un modelo a seguir el cual hemos dejado de lado. Sé que algunos de nosotros no se han interesado en poner en práctica el modo de obrar de Jesús, pues ven en él un ser arcaico que nada tiene que ver con la época que vivimos. En cuanto a mí, estoy convencido que Dios nos dio en Cristo el modo de obrar al cual la iglesia debe volver, pues veo imposible que quien tiene el mayor interés en la salvación del hombre no nos haya instruido de alguna otra forma en cuanto a cómo llevar adelante el mensaje y la obra.

Desde 1975 a la fecha nuestros sermones varían mucho, tienen otro sabor. Hasta ese tiempo se predicaba como quien ha poner en práctica lo que se predicaba. En aquel tiempo teníamos un gran entusiasmo y la palabra venía con fuerza, claridad, con la convicción y fe de que se iba a poner en práctica. Pero ya el ocaso estaba marcado y con el tiempo hemos caído en un declive en el que el mensaje y la realidad han andado por sendas separadas. 

Debemos volver a estudiar a fondo el tema de la unidad de la Iglesia. He dicho a los hermanos en varias ocasiones que no quisiera oír más de Juan 17 hasta que revisemos las demás advertencias apostólicas en cuanto a de quienes debemos separarnos. No podemos ser tan livianos con una cuestión tan importante como esta, admitiendo una asociación que no corresponde, asignándonos a nosotros mismos una obra gigantesca que sólo puede ser hecha por Dios (porque Jesús no dijo a los discípulos "hagan la unidad de la Iglesia"). No podemos basar nuestro entendimiento de la unidad en una posible interpretación de Pablo cuando les escribe a los Corintios, y al mismo tiempo dejar de lado sus muchas advertencias en cuanto a de quienes debemos separarnos. Hago un llamado a hablar bien claro de quiénes tenemos que separarnos y que se llaman creyentes. Porque si hacemos una sola bolsa con los Balaamitas, los Jezabelitas, con los Nicolaítas y con los santos, estamos equivocados. 
 
Nunca fue tan mal trazada la teología de las iglesias. Nunca la enseñanza entró en una elipse de mayor corrupción que ahora. Cuando aflojamos y nos rendimos ante una mediocridad entre nosotros, los hermanos fueron por todas partes buscando denominaciones y el grito pentecostal y, como consecuencia de esto,  la euforia del púlpito nos trajo un desastre. Volvimos a las grandes reuniones, volvimos a las campañas y la porción que Dios nos había señalado, la responsabilidad que nos dio en el monte y la revelación fue olvidada.  

Yo tuve que ver poco a poco, con gran lamento de mi corazón, cómo se eclipsó la luz, cómo se olvidó el principio, cómo se desdibujó y se desnaturalizó, volviéndose liviano hasta el colmo de abandonar lo que nos habíamos propuesto en el comienzo de nuestro mover. La unidad de la iglesia era uno de los muchos temas que Dios nos había mostrado. Este mover nació con premisas que iban mucho más allá, pero pusimos este tema como el mayor de todos al punto de pensar que si lográbamos la unidad de la iglesia, podíamos avanzar con los otros temas, pero después de tanto tiempo, no hemos logrado la unidad y creo que estamos más lejos de ella ahora que antes. Esta es mi apreciación. 

Creo que tenemos que ponernos a trabajar. En cuanto a mí nunca he pasado años tan angustiosos como estos. A medida que vi sepultarse poco a poco este mover del Espíritu, mi alma se conmovió dentro mío. Noches enteras gimiendo, he grabado no sé cuántos casetes con meditaciones  para mi propio desahogo, hablando a cualquiera y a nadie en particular. En mis oración al Señor mencioné muchas veces nombres, porque hay quienes son más responsables que otros. Los que más alto han ido, los que más adelante fueron y se hicieron conductores, más responsabilidad tienen. 

Yo no me he ido porque tengo un pacto. Sin duda yo he contribuido también al debilitamiento. Mis exageraciones, mis triunfalismos han dado lugar a más confusión. Pero yo me pregunto, ¿quién hay que haya tenido la experiencia de participar en un movimiento como este que no se haya equivocado en alguna cosa? Sin embargo, ante esta pregunta cabe hacernos otra: ¿qué hay que hacer con los errores cometidos? ¡Hay que enderezar lo que se torció! Hay que volver a revisar y poner en orden las cosas desordenadas, las exageraciones. Al final de cuentas ¿quién hay de nosotros que conoció y que es experto en movimientos de restauración de la Iglesia? -¡nadie!

Entonces, si nos hemos equivocado, si hemos exagerado, ¡reconozcámoslo! Enderecemos lo torcido sin descartar todo, sin abandonar la fe en Dios o la fe en este movimiento de restauración simplemente porque alguno se salió un poco de curso,  porque alguno exageró. ¿Se puede hacer algo tan nuevo como, por ejemplo,  ver edificada por primera vez en veinte siglos una Iglesia unida por coyunturas, una iglesia-familia de Dios, un cuerpo nutriéndose, como dice Pablo en Corintios y en Efesios y en Colosenses, sin que haya que corregir algo, algo tan nuevo como eso puede hacerse prístinamente de entrada? ¿No necesitará el auxilio de la corrección?
 
¿No necesitará la paciencia de los que ministran? Pero se abandonó, se abandonó todo; se tiró el discipulado por la borda, las reuniones de las casas, la formación de líderes, todo se ajó, porque algunos exageraron, porque algunos se extralimitaron, porque algunos se escandalizaron, porque algunos tomaron estas cosas para la gloria de su carne. Aprendamos la lección, corrijamos lo torcido, pero no desechemos todo de manera indiscriminada. Tiremos lo vil, conservemos lo puro, lo santo, la intención de Dios, el propósito bien claro y marchemos adelante conforme al propósito que Dios nos ha enseñado. 

Me parece que lo que Jorge y Afif trajeron de Ecuador, podría bien ser un resumen de los lo que Dios quiere de este mover como fundamento de verdad: ¿Qué quiere Dios? -Primer principio: Que todos los hombres del mundo sean discípulos. Segundo: Que todos los discípulos sean conformados a la imagen de Cristo. Tercero: que todo discípulo conformado a la imagen de Cristo sea unido y compactado en un cuerpo, bien relacionado entre sí con todas las coyunturas que se ayudan mutuamente (Ese cuerpo que es la Iglesia, es la familia de Dios en la tierra, es el Reino de Dios en el mundo, sal de la tierra y luz del mundo). Cuarto: ¿Qué nos ha dado Dios como herramientas para realizar estas tareas? Nos ha dado la Palabra, el Espíritu Santo, la Oración y los dones del Espíritu, los ministerios y ya con esa base, suficiente. ¡Hagámoslo! ¡Realicemos la obra! Hay que establecer una estrategia; hay algunas reglas divinas que debemos seguir, ponernos en los caminos, preguntar por las sendas antiguas. 

Tenemos que volver atrás, tenemos que volver no 20 años ni 30, sino dos mil años. Tenemos que volver a instaurar la doctrina, temblando ante la Palabra, única regla de fe, único tribunal fidedigno al cual podemos apelar para toda razón de verdad y justicia delante de Dios. Volver. Volver al tiempo donde encontramos el modelo, en la iglesia primitiva, en los apóstoles, en Cristo. Zafarnos de toda doctrina de error que se ha ido infiltrando aquí y allá, siendo drásticos, tratando el desvío como Pablo trataba a los que engañaban a la iglesia trayendo novedades engañosas. 

Hagamos esto con toda desviación o duda de los principios fundamentales que Dios nos ha dado, por más pequeña que sea, basándonos exclusivamente en la palabra de Cristo y la palabra apostólica;  basándonos exclusivamente sobre la visión de la Iglesia que ellos tenían y cómo ellos la trazaron en el primer siglo. Volvamos al modelo del principio. 

Como un ejemplo de esto, menciono mi parecer respecto a que no nos ayudó haber adoptado edificios. Representan más un peso que un recurso que nos favorece. No solo cuestan dinero sino que nos llevan, sin darnos cuenta, a perder el orden de iglesia-familia, y a organizarnos obligadamente en estructuras  que acaban ocupando nuestro tiempo y energía.

Debemos volver a establecer los principios, cada uno específicamente. Mejor dicho, debemos establecer los principios, porque, en verdad, no lo hemos hecho. Hago un llamado a establecer definitivamente el modelo de Cristo como el único modelo a seguir. Juan nos dice nuevamente hoy: "El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo". Jesús nos dice hoy: "Sígueme",  y, he aquí, él va delante de nosotros. 

Nuevamente, nos  invita: "Toma mi yugo, aprende de mí" -¿Qué puede haber más contundente, más claro? Jesús no es solo el modelo sino la fuente de toda verdad, pan que debemos comer cada día, el agua viva que debe fluir de nosotros. El modelo no nace de nosotros mismos sino que sale del mismo trono de Dios. A través de la redención que hemos recibido, a través de la intercesión maravillosa de nuestro Gran Pontífice  y por la sangre de la cruz, tenemos la posibilidad de caminar con Cristo y andar como Él anduvo. ¡Aleluya! Él nos dice: ¡VOLVEOS, VOLVEOS, ¿POR QUÉ MORIRÉIS?!

viernes, 22 de abril de 2016

No caigas en el error

No caigas en el error



No caigas en el error

Al ver el gran modelo que es Jesucristo, nuestro señor, entendemosque es el evangelio predicado por el y sus discípulos, NO es deprosperidad material ni de oferta, como en que escuchamos en estosúltimos tiempos, un supuesto evangelio decadente, que se olvida delas condiciones y de las pautas reflejadas en la sana doctrina.Comoestá escrito, no hay que buscar a Dios para prosperar materialmente,o para obtener las añadiduras, ya que el mismo nos dijo.... Buscadprimeramente el reino de Dios y su justicia y la de más cosas seránañadidas..... Cristo mismo cuando estuvo en la tierra nunca predicóacerca de la prosperidad material individual: si no HACER tesorosen los cielos Lucas: 12: 32-34, Mateo: 6: 19,21, mire afanarse,Mateo 6: 31-33, Dios nos va a dar a nosotros en la mediana en que lobusquemos y sirvamos.Cristo siendo rico se hizo pobre y anduvo con los más olvidados, losmás destruidos, los sin esperanza....... Siendo el REY no tomó esapostura, sino que se humillo y se hizo hombre filipenses: 2: 1-11,el más que nadie conoce la necesidad del ser humano. El propósito dela vida no es tener éxito, si no ser fiel y parecernos cada día mása Jesús, nos quiere decir a nosotros es que seamos familia deCristo, y no una reunión será show, donde nos sentamos, aplacamosnuestras conciencias, y nuestro dinero es el seguro de nuestraBENDICIÓN personal.Nosotros somos jóvenes que al interpretar el mensaje de estaspersonas que desvirtúan lo que Cristo quiere decir en este tiempo,lo comparamos con lo que el apóstol Pablo dice en 2timoteo 1: 5podríamos decir que los que predican, dice lo que la gente quiereoír, haciendo fábulas y utilizando el error como armas para atraer yengañar al pueblo con una doctrina demoníaca, como marca jeremías23 -16. Por todo lo dicho, no dejaremos de marcar el error de estacorriente que hace perder a muchos.La vida cristiana tiene que ser equilibrada, no irse de un extremoal otro, Pablo sabía vivir en abundancia y el escasez. Con éstaslíneas no intentamos agraviar a nadie, sino que en el temor delseñor rogamos: volvamos a las bases, veamos cómo era la iglesiaprimitiva, debemos servirnos, cubrirnos en las necesidades ypredicar todo el evangelio del reino de Dios.
El propósito de la vida es servir a un solo
 SEÑOR:¿quién será nuestro señor?¿Cristo o el dinero?

 Este escrito fue escrito por jóvenes del Buenos Aires del oeste en el año 2000.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Los que Debieron ser Murallas, hoy son diques rotos, dejaron entrar el error en la iglesia

Los que Debieron ser Murallas, hoy son diques rotos, dejaron entrar el error en la iglesia ,







 Los que un día proclamaron verdad y justicia y sus enseñanza , corregían y llevaban santidad  -

Esos mismo hoy, se sientan cómodamente , buscando un activismo barato, dando nuevas teorías y abriendo mas el camino que era estrecho, rompiendo lo que ellos mismo enseñaron y sobre todo lo que la misma palabra marca.

Las generaciones  se pierden, se alejan y eso mismo siguen fabricando fabulas,

Pero la generación de strees no entiende , no ve los que el Señor enseño desde un principio.

hoy se necesita  hombres y mujeres, que ante la mentira, ante la maldad ante el mundo ante la corriente de este siglo ante todo esta perversa generación etc etc etc.

 Den su vida, como continuación, del sacrificio de nuestro Señor , eso es apostolado, servicio  es lo que Se ve en Cristo y en los apóstoles una vida derramada en la iglesia, en la proclamación del evangelio...


Que difícil es despertar , ver claramente, que difícil, es a esta generación, entender que con palabra y activismos, no llegamos a nada,  que si hoy se ve el fracaso, no es por nuestro Padre, sino por nuestra carnalidad.

nos hemos vuelto cómodamente insensibles


 somos espectadores, que en momentos específicos, damos un poco, pero después seguimos en nuestra comodidad cristiana

 Dios que juzgara todo, reprenda y tenga misericordia ,que salve a esta generación....

 que levante  hombre y  mujeres que no busque el error sino caminar en sus pasos, en los De Jesucristo, en los cuales jamas debieron apartarse .

Padre te ruego que se haga tu voluntad como se hace en el cielo perdónanos como nosotros perdonamos y nos ayudes a Seguirte hasta el fin.

MSA 

http://revelarhoy.blogspot.com.ar/2012/04/tenemos-que-pensar-y-procurar-la.html



jueves, 15 de octubre de 2015

La Iglesia De Cristo: se desarrolla en la Forma de Cristo…

La Iglesia De Cristo: se desarrolla en la Forma de Cristo…


No hay duda que, como Cabeza de la iglesia, debemos caminar en sus pasos, en su forma, en su camino...
 Si Dios   revela esta verdad a los corazones, a los que tienen la responsabilidad de mostrar el camino, no tendremos necesidad de volver y reafirmar lo que significa la iglesia… porque se vivirá y será como el Maestro dijo: “… luz y sal…”.
Ahora… existe una realidad… cuando los hombres no entendemos a nuestro Padre, cuando la Iglesia no entiende y trata de llevar acabo algo que no ve, que no siente, y  que no está marcado a fuego en su interior , fácilmente se ven los resultados- buenos o malos- .
Actualmente estamos en un situación difícil para evaluar esta verdad, porque la evaluamos según nuestras prácticas, conceptos y especulaciones y no a la luz del camino que propuso el Señor para la iglesia; debemos ser sabios en esto y sopesar nuestras prácticas con la Palabra abierta, cuestionar si las mismas coinciden    con las que están como ejemplo a seguir en la Biblia… seremos capaces de hacer esto?.
Si hay una verdad que debemos tener presente es que: “…por los frutos los conoceréis…”, no por las palabras!  Las palabras vacías… discursos “seudopolíticos” de adiestrados en la oratoria que nos quieren convencer enunciando una revelación dada por Dios, queda sin efecto sin una vida que la practique y la haga visible...
 A través de la historia de la iglesia, vemos que se necesitaron hombres que rompieron con prácticas y tradiciones que no tenían asidero bíblico, su compromiso y valentía permitieron traer santidad a la iglesia. En estos tiempos, últimos tiempos, el Señor necesita el compromiso de hombres y mujeres que se comprometan con Su verdad y rompan con las tradiciones aún vigentes, aquellas formas de vivir el cristianismo sin el genuino guiar del Espíritu Santo.
“…Porque el Reino de los cielos no es cuestión de palabras sino de poder!...”
Que el Señor tenga misericordia de nosotros...




M.S.A.

lunes, 1 de junio de 2015

Ivan Baker Verdadero evangelio

Verdadero evangelio





hace click y mira el vídeo 


Mira el vídeohace click aquí !!!


Extraído de la pagina :

https://vimeo.com/129242687

lunes, 29 de diciembre de 2014

jueves, 1 de agosto de 2013

El Quinto Evangelio, el Evangelio Según los Santos Evangélicos !!!

El Quinto Evangelio,
el Evangelio Según los 

Santos Evangélicos





¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?


(Lucas 6:46). En nuestro idioma castellano ha surgido un interesante
problema en torno a la palabra "Señor". Al dirigirnos a alguien lo
hacemos diciéndole señor Pérez, señor Fernández, y también a Jesús
lo llamamos Señor.

Esta falta de distinción ha hecho que perdiéramos el verdadero
concepto o significado de la palabra "Señor". El hecho de que a
Jesús lo llamemos "Señor" no despierta en nosotros ningún
reconocimiento en cuanto al verdadero significado de esa palabra.
Sin embargo esto no sucede únicamente en los pueblos de habla
hispana. Lo mismo ocurre con los de habla inglesa, aun cuando
empleen dos palabras: mistery Lord; la primera la usan para las
personas y la última para dirigirse a Jesús. Es posible que el
concepto de Lord haya perdido su significado a causa de¡
comportamiento poco encomiable de los lores ingleses.
En la actualidad la palabra Señor no tiene para nosotros el MISMO
significado que tuvo en los tiempos en que Jesús vivió sobre la faz
de la tierra. Entonces esta palabra se usaba para referirse a la
autoridad máxima, al primero, al que estaba por encima de los demás,
al dueño de toda la creación. Los esclavos se dirigían a sus amos
utilizando la palabra griega kirios ("señor") escrita en minúscula.
Pero si esta palabra estaba escrita en mayúscula, entonces se
refería a una sola persona en todo el Imperio Romano. El César era
el Señor. Más aún, toda vez que algún funcionario del estado o tal
vez algún soldado se cruzaban por la calle tenían que saludarse
diciendo " ¡César es el Señor!" Y la respuesta habitual era " ¡Sí,
César es el Señor!
Es así que los cristianos en aquel entonces se veían confrontados
con un problema bastante difícil. Toda vez que alguien los saludaba
con las consabidas palabras - ¡César es el Señor! -invariablemente
su respuesta era-: No, ¡Jesucristo es el Señor!-. Esto les creó
dificultades, no porque César tuviera celos de ese nombre, sino que
era algo que tenía raíces más profundas. César no tenía la menor
duda respecto de lo que ello significaba para los cristianos;
estaban com. prometidos con otra autoridad. En sus vidas Jesucristo
pesaba más que el propio César.
Su actitud decía bien a las claras: "César, tú puedes contar con
nosotros para ciertas cosas, pero cuando nos veamos forzados a
escoger, nos quedaremos con Jesús por cuanto le hemos entregado
nuestras vidas. El es el primero. Es el Señor, la autoridad máxima
para nosotros". No es de extrañarse entonces que el César hiciera
perseguir a los cristianos.
El Evangelio que tenemos en la Biblia es el Evangelio del Reino de
Dios. Allí encontramos a Jesús como el Rey, como el Señor, como la
autoridad máxima. Jesús es el eje sobre el cual gira todo. El
Evangelio del Reino es un Evangelio que se centra en Jesucristo.
Sin embargo en estos últimos siglos hemos venido prestando oídos a
otro Evangelio, uno centrado en el hombre un Evangelio humanista; el
Evangelio de las grandes ofertas, de las grandes liquidaciones; el
Evangelio de las colosales rebajas. Es un Evangelio en que el pastor
dice: "Señores, si ustedes aceptan a Jesús" (ya en esto solamente
hay un problema por cuanto es Jesús que nos acepta a nosotros y no
nosotros quiénes lo aceptamos a El. Hemos puesto al hombre en el
lugar que legítimamente le pertenece a Jesús Y por lo tanto ahora el
hombre ocupa un lugar muy importante) - Y el evangelista
agrega: "Pobre Jesús, está llamando a la puerta de tu corazón. Por
favor, ábrele. ¿Es que no lo ves allí fuera tiritando de frío? Pobre
Jesús, ábrele la puerta". No es de extrañarse entonces que los que
están escuchando al evangelista piensen que si se hacen cristianos
le harán un favor a Jesús.
Muchas veces hemos dicho a la gente: "Si usted acepta a Jesús tendrá
gozo, paz, salud, prosperidad . . . Si le da cien pesos a Jesús El
le devolverá doscientos. . . " Siempre apelamos a los intereses del
hombre. Jesús es el Salvador, el Sanador, el Rey que vendrá por mí.
Mí, yo, son el centro de nuestro Evangelio.
Las reuniones que realizamos se centran alrededor del hombre. Hasta
la misma disposición del mobiliario, los bancos, el púlpito son para
el hombre. Cuando el pastor prepara su bosquejo para el desarrollo
de la reunión no piensa en Dios sino en su audiencia. "Para el
primer himno todos se pondrán de pie, para el segundo estarán
sentados para no cansarse; después habrá un dúo para cambiar un poco
el ambiente, luego haremos alguna otra cosa y todo cuanto Se hace
tiene que tener cabida en una hora para que la gente no se canse
demasiado". ¿Dónde está Cristo el Señor en todo esto?
Y con nuestros himnos ocurre lo mismo. "Oh Cristo mío". "Cuenta tus
bendiciones". ¡Y qué decir de nuestras oraciones! "Señor, bendice mi
hogar, bendice a mi esposo, bendice también a mi gatito y al perro
por amor de Jesús. Amén". Esa oración no es por amor de Jesús sino
por ¡amor a nosotros! Con frecuencia empleamos las palabras
apropiadas, con una actitud equivocada. Nos engañamos a nosotros
mismos.
Nuestro Evangelio viene a ser como la lámpara de Aladino de las Mil
y una noches; pensamos que si lo frotamos recibiremos lo que
queremos. No es de extrañarse que Karl Marx llamara a la religión el
opio de los pueblos. Tal vez tuviera razón, no era ningún tonto.
Sabía que nuestro Evangelio con frecuencia no es nada más ni nada
menos que una vía de escape para la gente.
Pero Jesucristo no es un opio. El es el Señor. Usted debe venir y
entregarse a Jesús Y cumplir con sus demandas cuando El habla como
Señor.
Si nuestros dirigentes hubieran sido amenazados por la Policía y el
sumo sacerdote tal como ocurrió con los apóstoles, es posible que
hubieran orado así: "Oh, Padre, ten misericordia de nosotros.
Ayúdanos, Señor. Ten piedad de Pedro y de Juan. No permitas que los
soldados les hagan ningún mal. Por favor danos una vía de escape. No
permitas que suframos. Oh, Señor, mira lo que nos están haciendo.
¡Deténlos, no dejes que nos hagan daño!" Nosotros, nuestro, yo, mi.
Sin embargo cuando leernos en el capítulo cuatro de los Hechos vemos
que ellos no oraron así. Fíjese cuántas veces los apóstoles dijeron
tú.
Y ellos, habiéndole oído, alzaron unánimes la voz a Dios, Y dijeron:
Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el
mar y todo lo que en ellos hay: que por boca de David tu siervo
dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan
cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se
juntaron en uno contra el Señor y contra su Cristo. Porque
verdader,7mente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo
Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y
el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían
antes determinado que sucediera. Y ahora, Señor, mira sus amenazas,
y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra,
mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y
prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron
orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron
llenos del Espíritu Santo ... (versículos 24-31)
No se trata de un problema de semántica sino que me estoy refiriendo
a un gran problema que tenemos en las iglesias respecto de nuestra
actitud. No es suficiente que usemos otro vocabulario; debemos dejar
que Dios tome nuestros cerebros, que los ¡ave con detergente, que
los cepille bien fuerte y que nos los vuelva a colocar en una manera
distinta de su posición previa. Todo nuestro sistema de valores
tiene que ser cambiado.
Somos como aquellas personas de la Edad Media que creían que la
tierra era el centro del universo. Ellos estaban equivocados y
nosotros también. Pensamos que somos el centro del universo y que
tanto Dios como Jesucristo y los ángeles giran alrededor nuestro. El
cielo es nuestro, todo es para nuestro provecho.
¡Cuán equivocados estamos! Dios es el centro. Es necesario que
nuestro centro de gravedad cambie. El es el Sol y nosotros debemos
girar alrededor de El.
Pero es muy difícil cambiar nuestro patrón de pensamientos. Aun
nuestra motivación para la evangelización se centra en torno al
hombre. Muchas fueron las ocasiones que escuché decir mientras me
encontraba estudiando en el Seminario: -Queridos alumnos, ¡fíjense
en las almas perdidas! Esa pobre gente irremisiblemente va camino al
infierno. Cada minuto que pasa otras cinco mil ochocientas veinte y
dos personas y media se van al infierno. ¿No sienten lástima de
ellos? -Y nosotros llorábamos y decíamos-: Pobre gente. ¡Vayamos a
salvarla!- ¿Se da cuenta? Nuestra motivación no era el amor a Jesús
sino el amor a las almas perdidas, que toda nuestra motivación debe
ser Cristo. No predicamos a las almas perdidas porque están
perdidas. Vamos para extender el Reino de Dios porque así lo dice
Dios y El es el Señor.
Nuestro Evangelio en la actualidad es lo que yo llamo el Quinto
Evangelio -Tenemos los Evangelios según San Mateo, San Marcos, San
Lucas, el de San Juan y el Evangelio según los Santos Evangélicos.
Este Evangelio según los Santos Evangélicos se basa en versículos
entresacados de aquí y de allá en los otros cuatro Evangelios.
Hacemos nuestros todos los versículos que nos gustan, los que nos
ofrecen o prometen algo, como Juan 3:16, Juan 5:24 y otros, y con
esos versículos formamos una Teología Sistemática en tanto que nos
olvidamos por completo de los otros versículos que nos confrontan
con las demandas de Jesucristo.
¿Quién nos autorizó a hacer semejante cosa? ¿Quién dijo que estamos
autorizados para presentar solamente una faceta de Jesús? Supóngase
que se celebrara un matrimonio y llegado el momento de pronunciar
los votos el hombre dijera: -Pastor, yo acepto a esta mujer como mi
cocinera personal, y también como mi lavaplatos personal.
No me cabe la menor duda que la mujer diría:
- ¡Un momentito! Sí, voy a cocinar, voy a lavar los platos, voy a
limpiar la casa, pero no soy una mucama. Voy a ser tu esposa. Tú
tienes que darme tu amor, tu corazón, tu casa, tu talento, todo.
Y lo mismo es verdad respecto de Jesús. El es nuestro Salvador y
nuestro Sanador, pero no Podemos cortarlo en pedazos y tomar
solamente aquellos que nos gustan más. A veces nos parecemos a los
niños cuando se les da una rebanada de pan con mermelada; se comen
la mermelada y vuelven a darnos el pan. Entonces volvemos a poner
más mermelada y de nuevo se la comen y nos vuelven a dar el pan.
El Señor Jesús es el Pan de Vida y tal vez el cielo sea como la
mermelada. Es necesario que comamos tanto el pan como la mermelada.
¿Qué le parece que sucedería si en algún gran Congreso de Teólogos
se llegara a la conclusión de que no hay ni cielo ni infierno?
¿Cuántas personas seguirían asistiendo a la iglesia después de un
anuncio de esa naturaleza? La mayoría no volvería a poner los pies
en la iglesia. "Si no hay cielo, ni tampoco infierno, ¿para qué
venimos aquí?" Esas personas van a la iglesia nada más que por la
mermelada, es decir por sus propios intereses, para ser sanados,
para escapar del infierno, para ir al cielo. Los tales son los que
siguen el Quinto Evangelio.
El día de Pentecostés, después que Pedro concluyera su sermón, dijo
con toda claridad: "Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de
Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha
hecho Señor y Cristo" (Hechos 2:36). Ese fue su tema.
Cuando los oyentes comprendieron que Jesús era en realidad el
Señor "se compungieron de corazón" (versículo 37) y
preguntaron: "Varones hermanos, ¿qué haremos?"
La respuesta fue: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en
el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el
don del Espíritu Santo" (versículo 38). En Romanos 10:9 encontramos
resumido el Evangelio de Pablo: "Si confesores con tu boca que Jesús
es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los
muertos, serás salvo". El es mucho más que Salvador, es el Señor.
Y ahora voy a darle un ejemplo de lo que es el Quinto Evangelio.
Lucas 12:32 dice: "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre
le ha placido daros el reino". Este es un versículo muy conocido.
Muchísimas veces prediqué sobre ese texto.
Pero, ¿qué me dice del versículo siguiente? "Vended lo que poseéis,
y dad limosna". jamás escuché ningún sermón basado en este texto
porque no está en el Evangelio según los Santos Evangélicos. El
versículo 32 forma parte de nuestro Quinto Evangelio, pero el 33
aunque es también un mandamiento de Jesús lo ignoramos por completo.
Jesús nos mandó no matar.
Jesús nos mandó amar a nuestro prójimo.
Jesús nos mandó vender nuestras posesiones y darlas a los
necesitados.
¿Quién tiene el derecho de decidir cuáles mandamientos son
obligatorios y cuáles son optativos? ¿Me comprende? El Quinto
Evangelio ha hecho algo extraño: ¡nos ha dado mandamientos
optativos! Si uno quiere los cumple y si no, es lo mismo.
Pero ese no es el Evangelio del Reino.


Extraido del libro Discipulo 

viernes, 26 de julio de 2013

Cómo Relacionarnos con las Denominaciones Iván M. Baker



Cómo Relacionarnos con las Denominaciones


Meditación de Iván M. Baker, 25 de marzo de 1999

Cómo Relacionarnos con las Denominaciones

Meditación de Iván M. Baker, 25 de marzo de 1999

Por causa de la desviación de la verdad, de la liviandad y el pecado existente en las iglesias hoy
(además de la gran cantidad de pastores predicando para sus propios beneficios), es evidente que
estamos viviendo tiempos muy peligrosos. Y es fundamental que vayamos a la Biblia a buscar la
orientación correcta para enfrentarlos como corresponde. No nos sirve tener una orientación
sentimental o una preocupación por mantener una amistad con todos, así como tampoco nos sirve
tener un espíritu pacificador que nada ve y que todo lo ama, sino que precisamos de una luz divina
bien clara y de una orden celestial que nos indique el camino; camino que sólo podemos hallar
haciendo un estudio serio de la Palabra, buscando la indicación de Dios para enfrentar las
situaciones de hoy.

Yo me pregunto ¿Tuvo la Iglesia Primera que enfrentar situaciones parecidas a las nuestras? Algunos dicen que las sinagogas de ese tiempo son las iglesias evangélicas de hoy; pero yo digo que eso no es así, ya que con respecto a aquellas sinagogas y a su doctrina, Cristo dijo: “Haced lo que ellos dicen, pero no lo que ellos hacen”. Inferimos, por las palabras de Jesús, que al menos su enseñanza era buena, sin embargo hoy tendríamos que decir de las iglesias evangélicas, en términos generales: “No hagáis ni lo que dicen, ni lo que hacen”, lo que las coloca en un escalón más bajo frente a las sinagogas del tiempo de Cristo. Basta con juzgar el evangelio y las doctrinas de error que en ellas se predica y ver el estado moral y la pobre vida espiritual que generalmente puede observarse en ellas.

La segunda consideración que hago es que a pesar del mucho sufrir, orar y trabajar para llevar la
verdad a las iglesias evangélicas, el fruto ha sido escaso y poco el avance. Prueba de ello es que al
conversar con pastores evangélicos, nos damos cuenta que están en medio de una babel y de toda
clase de liviandad. Se predica un evangelio espurio, se admiten licencias de toda clase, con mínima o quizás nada de consagración de los miembros, generando un espectáculo vergonzoso en el que las iglesias sucumben bajo un mar de iniquidad. Por ejemplo, y con el fin de mencionar un caso
extremo, esa iglesia metodista que celebró un casamiento (al que asistió la televisión, la prensa y
gran cantidad de personas se amontonaron a sacar fotografías) en la que se celebró un “casamiento” diferente, entre lesbianas. Y al parecer también la iglesia anglicana se ha sumado al aceptar el casamiento de dos hombres o dos mujeres y la adopción de hijos por parte de ellos.

Hoy en la iglesia católica – incluyendo los católicos carismáticos – y en muchas iglesias evangélicas,
ni se vive la santidad ni tampoco se proclama la verdad, siendo esta situación que enfrentamos hoy
muy difícil y penosa.

Nuestra tarea no es buscar la unidad de las denominaciones, ya que en ningún momento el Señor
ora para que la iglesia busque y trabaje en pos de la unidad “denominacional”, sino que el Señor, en Juan 17, clama al Padre pidiéndole a Él por la unidad entre los miembros de la Iglesia. Tampoco
vemos a ninguno de los apóstoles procurando hacer unidad institucional, sino que los vemos en todo momento priorizando la santidad y la obediencia a Cristo. Y en la Palabra vemos que hubo luchas entre ellos debido a desobediencias, como cuando Pablo reprendió a Pedro. En esa situación no vemos a Pablo buscando armonizar lo que Pedro estaba haciendo con la verdad que él defendía
firmemente, sino que lo vemos confrontando a Pedro duramente y luego siguiendo adelante con su
responsabilidad, mostrándonos cómo nuestra unidad y armonía deben depender de la obediencia a la Palabra.

Cuando Pablo habla de la obra que Dios le encomendó, manifiesta no querer “edificar sobre
fundamento ajeno”, sino hacerse cargo de lo que Dios puso en sus manos para realizar. Pablo no
consideraba un deber propio el arriar a todos los demás detrás de sus ideas, ni insistir en que los
otros estuvieran de acuerdo con los métodos que él seguía para edificar la Iglesia, sino que se
ocupaba de mantener el rumbo que Dios le había presentado aún cuando otros quisieran disuadirlo
de esto.

No vemos en la Palabra un sínodo de hombres intentando elaborar una unidad institucional. La
misión de unir a las Iglesias era dejada en las manos del Padre y era hecha por el Espíritu Santo, que
es el gran Reconciliador.

Si nosotros nos atamos todos juntos para andar unidos (hablo siempre respecto a la unidad de
diferentes iglesias, congregaciones o denominaciones que piensan y operan de manera muy
distinta), temo que la verdad va a ser oscurecida o simplemente nula y al final terminaremos todos
ligados, encadenados unos con otros en una mediocridad espantosa.

Percibo que a veces el problema no es que las iglesias no acepten la verdad que predicamos, sino
que no aceptan el funcionamiento de esa verdad aplicada en la vida. No ganamos nada con intentar convencer a quienes no quieren ser convencidos, sino que sería mucho mejor que los que están convencidos vayan hacia adelante, avanzando en sus convicciones, haciendo la obra y viviendo la verdad. Será esa obra y esa vida las que realmente hablen por sí solas.
Nuestra tarea entonces, no es edificar sobre fundamento ajeno sino ir expandiendo nuestro
ministerio conforme a todo lo que hemos recibido y nos ha mostrado el Señor, teniendo constante
determinación en afirmar y fortalecer todo lo que está en nuestras manos y que es de nuestra
responsabilidad hacer. Además, debe ser de nuestro gran interés tener comunión los unos con los
otros e ir edificando la Iglesia conforme al modelo que Dios nos ha mostrado, es decir, volviendo al
patrón de Dios según lo que Él encomendó. Esto es lo sano, lo apropiado y lo que cabe dentro de la
visión que Dios nos ha dado.

Reclamamos además una soberana operación del Espíritu Santo para hacer la unidad que sólo Dios
puede hacer, ya que nos damos cuenta que la unidad de la Iglesia hecha en papeles, en eventos
diversos o en reuniones de oración, no llega muy lejos. Es muy complejo y difícil querer unir así
nosotros las denominaciones, o las congregaciones ya que cada pastor está afirmado en su visión;
cada uno quiere cambiar los principios que guían al otro y que son entendidos de manera diferente, y cada uno entiende su proceder como algo que viene de parte del Espíritu de Dios, lo que le da seguridad en su forma de actuar.

Entonces, a mi parecer, el querer alinear a las demás
congregaciones con nuestros argumentos, con nuestras predicaciones o compartiendo reuniones de oración o de consulta, es muy difícil; y creo que ante esa dificultad, solo Dios puede hacer algo.
Lo que sí creo, es que podemos juntos aceptar dos principios claros: Primero, que la unidad del
Cuerpo la hace Dios y, segundo, que debemos cuidarnos de oír bien y obedecer las advertencias que los apóstoles nos hacen con respecto a quiénes debemos apartarnos completamente.
Este dilema, el de saber discernir qué hacer ante las diferencias y factores que nos separan de otros, no es exclusivamente nuestro, ya que en el tiempo apostólico también estuvo presente. Sin embargo debemos tener sabiduría de Dios para relacionar los problemas que ellos tuvieron en su tiempo con los que enfrentamos nosotros hoy en el siglo XX, ya que existen dos mil años que nos separan y las situaciones y los tiempos históricos son diferentes. Lo que sí podemos establecer es que cada problema, tanto los que se vivían en ese tiempo como los que enfrentamos hoy, son indicativos de un pecado, una falla o un desliz del hombre, por lo que debemos calificar cada situación actual en base a los principios establecidos por los apóstoles de la Iglesia Primitiva tal como lo establecen las Escrituras para luego encontrar el paralelo con nuestros días.

Por ejemplo, en la epístola de Gálatas – tiempo en el que sin duda se predicaba el evangelio puro y
limpio tal cual había sido dado por el Señor – podemos ver una situación donde por un solo
elemento que los hermanos querían agregar al evangelio, Pablo reacciona amonestándoles
severamente. Ese elemento, la circuncisión – la inocente práctica de cortar el prepucio, es decir, 10 a 20 gramos de piel –cosa que hasta ese momento había sido una práctica santa, establecida por el
Altísimo como precepto para muchas generaciones entre los judíos, era ahora aborrecida por Pablo, por ser del antiguo pacto y no del nuevo, rechazándola enérgicamente con estas tremendas
palabras: “Yo os declaro que si os circuncidáis, Cristo no os aprovecha de nada y de la gracia habéis
caído” ¡Qué palabras inmensamente graves llega a decir Pablo por causa de algo que para los judíos convertidos era un error tan inocente y pequeño! Pablo denuncia el gravísimo pecado en el que estaban cayendo, a causa del cual les advierte que por ese solo hecho perderían la gracia recibida.

Pablo llama a esto “otro evangelio”, es decir, el sacar ese pedacito de piel; esa acción de poner un
símbolo de circuncisión judaica, era otro evangelio. La diferencia radicaba en que ahora era otra
época; tiempo del nuevo pacto que Dios había establecido con Cristo y para los ojos de Dios y de
Pablo, este hecho significaba evidentemente un gravísimo pecado y una anulación del Evangelio
santo que Dios estaba revelando y estableciendo entre los hombres.
¿Cómo se puede comparar esta minucia del prepucio y la circuncisión – pero tan fuertemente
tratada por Pablo con el máximo rigor y con un lenguaje claramente condenatorio – con la flagrante desviación que hay hoy en día en las iglesias? Hoy se manifiesta abiertamente y por todas partes un evangelio espurio; un evangelio sin poder salvífico; un evangelio de hombres en el que el llamado y el contenido son otros y que está totalmente enviciado por los intereses de los hombres que se interponen a los intereses de Dios.

Así como el evangelio que predicaba ese pastor al cual le dije “Tú no predicas el evangelio” y él me
respondió ¿Cómo es el evangelio? Y yo le expliqué detalladamente cuál era el verdadero. Y cuando
terminé, él me dijo: “Si yo predico ese evangelio, pierdo mi congregación”

Yo analicé esa frase que él dijo como un relámpago en mi mente y me sentí absolutamente
indignado; dándome cuenta inmediatamente que él era un mercader haciendo su propio negocio. Él quería gente asistiendo a sus reuniones pero no estaba interesado en que esa gente se convirtiera realmente; no le interesaba si el evangelio que él predicaba era el correcto o no, sino que le interesaba tener una iglesia abierta, un púlpito, una autoridad propia, gente que viniera a
escucharle. Él era un lobo, un ladrón, un salteador, un miserable rumbo a la perdición.
Así como ese pastor, hoy en día hay muchísimos más como él que se amontonan por todas partes
predicando la prosperidad; predicando la liberación de demonios de los creyentes; predicando la
multiplicación del diezmo y aún pidiéndole el diezmo a la gente que aún ni siquiera se ha convertido.

Hoy no se predica más a Cristo, no está más la vergüenza de la Cruz ni el derramamiento de la
sangre del nuevo pacto. Cuando yo tenía unos 15 años, escuché a un anciano decir “En los últimos
tiempos, dentro de algunos años, no se predicará más la sangre de Cristo”. Yo me quedé atónito,
porque para mí, en aquel tiempo que yo vivía, no podía haber predicación sin la sangre de Cristo y
sin la Cruz; sin embargo hoy ya no oigo más de la sangre de Cristo; no oigo más mensajes sobre la
cruz, sobre el infierno, sobre la condenación, sobre el pecado que nos lleva atados a la eterna
perdición o sobre el juicio de Dios. Es muy difícil encontrar un predicador que hable del verdadero
evangelio porque es inconveniente a sus engañosos propósitos y lejos de atraer al público, lo
ahuyenta.
Evidentemente estamos viviendo el tiempo en que las gentes “teniendo comezón de oír, se
amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias y apartaran sus ojos de la verdad y se
volverán a las fábulas” Estos emisarios son los mismos que aparecen en el capítulo 7 del sermón del monte donde Jesús dice:” muchos me dirán en aquel día [muchos], Señor, hemos predicado en tu nombre; hemos echado fuera demonios; hemos hecho milagros y hemos profetizado…”. Y ya
sabemos cuál es la sentencia que Jesús les da a los tales en la Palabra.

Después de 20 años de intentar relacionarnos con ellas, seguimos viendo que tales iglesias que aún
predican un evangelio adulterado. No hemos conseguido demasiado sino sólo el mero hecho de que hayan captado un lenguaje distinto o incorporado algún estilo nuevo de operar. Sin embargo al
habernos abocado a esta tarea de “unidad fabricada” hemos obtenido el estancamiento total de
este movimiento de renovación, del cual hoy sólo quedan rastros.

Es necesario atender a lo que debemos hacer, a lo que se nos confió a nosotros. Debemos construir
una Iglesia libre de polvo y de paja y asentarla en un lugar elevado como ciudad de Dios y como
Cuerpo de personas que aman a Dios. Eso fue lo que dijimos que haríamos; así lo reiteramos, lo
cantamos, lo bailamos; pero no lo hicimos, porque algunos de nosotros se extralimitaron con la
unidad y se entusiasmaron al exceso, fuera de contexto con Juan 17.

Yo nunca entendí ni estuve de acuerdo con ese entusiasmo por unir las iglesias; pero nos
comenzamos a mezclar con las denominaciones pasando horas con ellos, llegando a ser “la unidad”
el asunto más importante; cuando en realidad el tema fundamental era el Reino de Dios y el
establecimiento de una Iglesia que imita a Cristo. Dios nos había dado la unción y la luz para ese
trabajo. Con ese fin el Señor nos enseñó el camino y nos dio las correcciones que debíamos hacer.
Nuestro trabajo no era oír solamente una doctrina y proclamarla fielmente para que fuese
mareramente entendida, sino establecer la Iglesia misma conforme a esa doctrina y buscar un
espacio libre para llevar a cabo esa acción sin influencias foráneas.

Es necesario entonces tener una mano sobre la espada ceñida a un costado y con la otra mano
seguir edificando. Debemos estar totalmente abocados a lo que el Espíritu Santo tiene como
fundamento; esto es, construir una Iglesia conforme al Reino de Dios, conforme al llamado del
Evangelio del Reino; una Iglesia del último tiempo, santa, pura, limpia, donde toda ella responde al
amor de Cristo, sigue la santidad del trono de Dios, obedece la Palabra de Dios y es edificada sobre
ningún otro fundamento, excepto Cristo. La edificación de la Iglesia es llevada a cabo por el Espíritu
Santo y el material con que se construye viene de Cristo mismo; ese material santificado con su
sangre y ungido por el Espíritu, debe reconocerse y ponerse en un lugar apartado de todo lo que es
falso, inútil, carnal y pecaminoso. Debemos hacer diferencia entre lo santo y lo vil; entre lo que le
sirve a Dios y lo que no le sirve, siendo nuestra única regla de fe la Palabra de Dios en su totalidad.
A las iglesias históricas les guardamos amor y nuestra respuesta a ellas no es ni el odio ni el olvido.
Pero no podemos paralizar la obra que Dios nos ha encomendado para unirnos con ellos, sino que
por el contrario, debemos hacer la obra encomendada por Dios a nosotros por amor a ellos, ya que
la contribución más grande que podemos realizar para nuestros hermanos de las denominaciones,
es la edificación de la Iglesia que nos toca a nosotros edificar. No se trata de dar una doctrina, sino
de edificar una Iglesia conforme a la doctrina de Dios, la cual el Señor nos reveló. Nuestro trabajo
para levantar esa Iglesia debe ser tan intenso y urgente que no habrá tiempo para otra cosa.
Estaremos sirviendo a Dios, a nuestros hermanos y tendremos una iglesia contundente e
inconfundible. No es la declaración de la verdad lo que convence, sino la vivencia de la verdad; no es teorizar sobre conceptos bíblicos lo que convence, sino el mostrar cómo esos conceptos bíblicos nos han hecho bien, nos han formado y transformado y nos han constituido en un pueblo santo de Dios.

Mucho se predica sobre “el pueblo de Dios”, pero no hemos formado el pueblo de Dios realmente,
sino que las ovejas de la renovación están descarriadas, han sido ofendidas y han salido en grandes
grupos de en medio nuestro, dejándonos pobres y con poca gente. Y la culpa de todo esto es
nuestra, por no haber sido buenos edificadores.

¡No volveremos a eso! Vamos a edificar la Iglesia para la gloria de Dios y para la bendición de las
iglesias. El hacer lo que Dios nos manda, será lo que les muestre con todo amor cómo debemos
obedecer a Dios y cómo se edifica una Iglesia. Desde una posición de enseñanza que no es teoría –
sino por una revelación de la presencia misma de lo que hemos edificado, con la aprobación de Dios y siendo bendecidos y llenos del Espíritu Santo – podremos bendecir a las iglesias y extenderles la mano mostrándoles en hechos la realidad. Nuestra postura debe ser como la de una roca; como la de un barco que no se hunde sino que navega firmemente o como la de una mano de una persona, que estando firme sobre una roca, toma al náufrago que va a la deriva.
¿Cuántos se van a convertir? ¿Cuántos van a enderezar sus caminos? ¿Cuántas iglesias van a ser
reorientadas? No lo sabemos, pero sí sabemos que nuestra tarea es edificar con el poder del Espíritu Santo lo que Cristo nos mandó a nosotros a edificar: Su Iglesia Santa.

Establezcamos el fundamento; seleccionemos las piedras; pidamos espacio al Espíritu Santo para
hacer la obra; volvámonos de nuestros caminos de error; reconozcamos todos nuestros errores y
vengamos juntos a edificar la Iglesia, porque Dios nos constituyó juntos y si juntos nos hemos
desviado, entonces juntos enderecémonos. Y si se ha mantenido hasta aquí una amistad de más de
30 años entre algunos de nosotros, ¿Cuánta más será la potencia con que nos asistirá el Señor si
retomamos juntos el camino? Pero ese retomar el camino debe ser con esta clara y determinante
visión y orientación.

Me parece conveniente aclarar que cuando hablo de nuestra relación con las iglesias evangélicas, no estoy hablando de las relaciones individuales que un miembro pueda tener con otro, sino a evitar una relación corporativa más comprometida, en forma oficial para realizar actividades con las denominaciones, o incluso a hacer retiros, campamentos o encuentros juntos. Eso debemos dejarlo de lado e intensificar la relación individual, donde tengamos libertad de hablar personalmente con algún pastor o encontrarnos frecuentemente a solas de a dos o tres, o en grupos pequeños con el objetivo de volcar nuestro corazón sobre la revelación que hemos recibido del Señor, estudiando la Palabra juntos, al mismo tiempo que los escuchamos a ellos.
Por ejemplo, en un par de días me voy a reunir desayunar con un pastor pentecostal para hablar
seriamente de la Iglesia, de punto a punto. Nos vamos a abrir el uno al otro para preguntarnos y
respondernos. Por mi parte voy a intentar convencerlo de la necesidad absoluta de restaurar la
doctrina y enseñanza en la Iglesia.

Muchas veces somos invitados por distintos pastores a predicar en sus congregaciones. Yo casi
siempre he tomado la decisión de no hacerlo para no interferir o contradecir su autoridad. Más bien nos encontramos en privado con el pastor; ya que nuestro entendimiento personal redunda en un beneficio congregacional, sin que en el proceso se produzca una gran confusión que involucra al rebaño
Con todo lo que he dicho, expreso mi propio sentir a mis hermanos. De aquí en adelante debemos
seguir el buen camino siendo acompañados por quienes quieran tomarlo sin esperar que todos lo
tomen.

Que Dios nos ayude a quienes solo anhelamos que el nombre de Jesús sea exaltado y que solo su
voluntad, y no el designio de los hombres, sea hecha. Que Dios asista a quienes deseamos
apartarnos de toda confusión, de toda carnalidad y mundanalidad. Cerremos las puertas de nuestras casas, dejando el mundo afuera y el Reino de Dios adentro; echando fuera todo ídolo, toda corrupción; sacando fuera todo espíritu de maldad, de mundanalidad, de liviandad, de inmoralidad, de lascivia, de entretenimiento vano, vil y mundano, para que así nuestros hogares sean puros instrumentos en las manos de Dios. Seamos nosotros, los pastores, los primeros en hacerlo.

Cuando Josías limpió a Israel, la limpieza fue total. Destruyó todo lo que Salomón había hecho, todas las abominaciones que los reyes de Israel habían hecho y una vez que finalizó su limpieza, se
sentaron a celebrar la Pascua. Tal fue la bendición de esa Pascua que el Señor dice así de ella:

“Nunca fue celebrada una Pascua como esta en Israel, desde los días de Samuel el profeta, y ningún
rey de Israel celebró Pascua tal como la que celebró el rey Josías, con los sacerdotes y Levitas y todo
Judá e Israel, los que hallaron ahí juntamente con los moradores de Jerusalén”

Dios quiere anticiparnos a la Cena celestial celebrando una cena terrenal con la Iglesia restaurada.
Yo sé que Dios va a usar al diablo más que a nadie para santificar su Iglesia, porque los días que
vienen son de una corrupción total, como nunca antes ha habido en la tierra; y sólo habrá dos
posibilidades: O total santidad o total corrupción. El color gris habrá sido barrido de en medio. El
diablo está haciendo su máxima obra con la máxima libertad, porque es el día cuando el Hijo tiene la máxima libertad. El diablo está trabajando con toda su furia, porque el Hijo de Dios está en pie
obrando con todo su poder ¿Quién va a vencer? Están los dos allí, el gigante por un lado, la serpiente antigua, Satanás y por el otro lado La Vid, que es símbolo de Cristo mismo. Se van a medir el uno y el otro, pero ya sabemos lo que va a suceder: la piedra que salió de la honda de Jesús va a quedarse hincada en la frente del gigante; y el paladín del diablo y todas las obras de Satanás van a sucumbir y Dios va a triunfar. ¡Jesús va a triunfar y levantará su cabeza ante todas las naciones y ante el universo entero para mostrar que Él es el Vencedor!.
¡Esta es la hora hermanos! Levantémonos para edificar.

Amén.