lunes, 18 de agosto de 2025

Por Qué La Verdad Revelada Dejó de Ser La Razón del Movimiento Meditación de Iván Baker,

Por Qué La Verdad Revelada Dejó de Ser La Razón del Movimiento
Meditación de Iván Baker, 14 de Abril de 1999

Es el día 14 de abril de 1999 y mi meditación es en torno a lo que debemos tratar a fin de mes en el retiro del equipo apostólico en Pontevedra. El contenido, creo, debería ser un repaso de la verdad que Dios nos reveló, más un análisis de por qué, a mi juicio, esa verdad fue sepultada,  y dejó de ser el centro mismo y la razón de este movimiento de restauración de la Iglesia. 

¿En qué punto se desvió el mover? ¿En qué punto entró en vía muerta? ¿Qué error hemos cometido? Cada uno necesitaría hacer su propia calificación. Quién cometió el error lleve la culpa, y no los que no se rindieron ante el camino que siguió últimamente, el cual llamo "la vía muerta de este movimiento". 

Debiéramos estudiar punto a punto las razones por las que dejamos de ser hacedores de la verdad y nos transformamos en meros oidores, engañándonos a nosotros mismos. Yo creo que tiene que haber un sinceramiento, un mea culpa. Pero mucho más allá de buscar culpar y condenar a otro, tenemos que ser honestos en reconocer la realidad y escucharnos el uno al otro en ese sinceramiento. Yo diría que muchos abandonaron completamente todo aquello que fue la fuerza impulsora del principio. Se levantaron, con los años, generaciones de discípulos cada vez más débiles, cada vez menos avezados, menos entendidos en lo que significaba este mover del Espíritu. 

En el principio teníamos pasión; habíamos sido transformados; habíamos recibido una formidable modificación de nuestra teología, habíamos repudiado los graves errores en los que habíamos caído, al punto de no saber qué era el evangelio, qué era el bautismo en agua y hasta habíamos  cercenado y achicado el bautismo en el Espíritu Santo.

Debemos volver a recordar las verdades reveladas para hallar la diferencia entre ellas y nuestro estado actual. Existe, entre estas dos cosas, un contraste marcado, importantísimo. Nos urge señalar, denunciar  y contrastar el error con la verdad; hacer bien claro el desvío para que la verdad brille y se manifieste en todo su fulgor. Al denunciar el error debemos espantarnos de las fallas que hemos cometido, de la teología barata, sinuosa, incompleta y desviada de la verdad que hemos llegado a abrazar, la cual persigue la complacencia humana más que la declaración divina de lo que Dios ha hecho. Dios nos reveló aquellas verdades junto con condiciones, con exigencias que se fueron olvidando, que no se contemplaron. 

Y por mucho tiempo nos hemos dedicado a curar la herida  del pueblo con liviandad. La teología barata nos enseña que hay que predicar un buen sermón y cerrar en una nota alta, alegre y positiva,  para que la gente no se vaya triste ni cabizbaja. Que siempre tenga un tono de alegría, que siempre tenga un tono de paz. Que transmita la idea de que  todo se arregló. Una liviandad en la que no importa el Reino de Dios sino que  lo importante es  que el hombre se sienta bien. Se busca evitar que la Iglesia llore, se aflija, clame por sus miserias. Si ministramos de este modo curamos con liviandad la herida del pueblo, y hemos sido descalificados como edificadores. 

Y es notable la masa enorme de gente que se ha ido porque ya no creyó más en nosotros. Vino naciendo a un movimiento de restauración y se fue confundida con toda las doctrinas de error que admitimos y dejamos entrar por no saber martillar la verdad al punto de inculcarla con cincel divino, con profundidad espiritual.

Poco a poco ingresó entre nosotros el clericalismo, del cual nos habíamos librado. Algunos, nuevamente,  quieren hoy acentuar una diferencia equivocada entre los pastores y las ovejas y hemos perdido el concepto de iglesia-familia en la que cada miembro posee el mismo llamamiento de santidad y propósito, en el que cada miembro está dotado de energía espiritual y dones. Se ha ido perdiendo el concepto de cuerpo. Cuerpo vivo, unido con coyunturas que se ayudan. Se ha ido perdiendo el ministerio fundamental de cada miembro, que nos previene de volvernos un organismo inútil. Esto nos ha llevado a volver a embarcarnos en prácticas de iglesia que solo logran producir un "mantenimiento" sin transformación por la ausencia de relaciones profundas de los miembros entre sí. Pero nuestro estilo actual nos impide denunciar lo que ocurre, obligándonos a siempre dejar la audiencia en una nota positiva, que no incomode.

Debemos reconocer que tenemos un cuerpo de pastores en el que algunos de ellos nunca han hecho discípulos, lo cual es uno de los peores calificativos que puede tener un pastor: el no hacer discípulos. Hemos llegado a no tener preocupación por esto, pues hemos dejado de creer que los pastores deben ser hombres capacitados en ganar y discipular a otros. Hemos llegado a admitir un pastorado que no forma vidas, que no ganas los hombres del mundo, que no se ocupa de evangelizar, representando un mal ejemplo para la Iglesia. Esto detiene la marcha de toda la Iglesia, y dado que la inercia original se ha perdido, debemos ahora crear eventos que no son más que un entretenimiento pastoral rutinario. 

No es que crea que yo he logrado grandes éxitos, pero estoy convencido de que en Cristo hay un modelo a seguir el cual hemos dejado de lado. Sé que algunos de nosotros no se han interesado en poner en práctica el modo de obrar de Jesús, pues ven en él un ser arcaico que nada tiene que ver con la época que vivimos. En cuanto a mí, estoy convencido que Dios nos dio en Cristo el modo de obrar al cual la iglesia debe volver, pues veo imposible que quien tiene el mayor interés en la salvación del hombre no nos haya instruido de alguna otra forma en cuanto a cómo llevar adelante el mensaje y la obra.

Desde 1975 a la fecha nuestros sermones varían mucho, tienen otro sabor. Hasta ese tiempo se predicaba como quien ha poner en práctica lo que se predicaba. En aquel tiempo teníamos un gran entusiasmo y la palabra venía con fuerza, claridad, con la convicción y fe de que se iba a poner en práctica. Pero ya el ocaso estaba marcado y con el tiempo hemos caído en un declive en el que el mensaje y la realidad han andado por sendas separadas. 

Debemos volver a estudiar a fondo el tema de la unidad de la Iglesia. He dicho a los hermanos en varias ocasiones que no quisiera oír más de Juan 17 hasta que revisemos las demás advertencias apostólicas en cuanto a de quienes debemos separarnos. No podemos ser tan livianos con una cuestión tan importante como esta, admitiendo una asociación que no corresponde, asignándonos a nosotros mismos una obra gigantesca que sólo puede ser hecha por Dios (porque Jesús no dijo a los discípulos "hagan la unidad de la Iglesia"). No podemos basar nuestro entendimiento de la unidad en una posible interpretación de Pablo cuando les escribe a los Corintios, y al mismo tiempo dejar de lado sus muchas advertencias en cuanto a de quienes debemos separarnos. Hago un llamado a hablar bien claro de quiénes tenemos que separarnos y que se llaman creyentes. Porque si hacemos una sola bolsa con los Balaamitas, los Jezabelitas, con los Nicolaítas y con los santos, estamos equivocados. 
 
Nunca fue tan mal trazada la teología de las iglesias. Nunca la enseñanza entró en una elipse de mayor corrupción que ahora. Cuando aflojamos y nos rendimos ante una mediocridad entre nosotros, los hermanos fueron por todas partes buscando denominaciones y el grito pentecostal y, como consecuencia de esto,  la euforia del púlpito nos trajo un desastre. Volvimos a las grandes reuniones, volvimos a las campañas y la porción que Dios nos había señalado, la responsabilidad que nos dio en el monte y la revelación fue olvidada.  

Yo tuve que ver poco a poco, con gran lamento de mi corazón, cómo se eclipsó la luz, cómo se olvidó el principio, cómo se desdibujó y se desnaturalizó, volviéndose liviano hasta el colmo de abandonar lo que nos habíamos propuesto en el comienzo de nuestro mover. La unidad de la iglesia era uno de los muchos temas que Dios nos había mostrado. Este mover nació con premisas que iban mucho más allá, pero pusimos este tema como el mayor de todos al punto de pensar que si lográbamos la unidad de la iglesia, podíamos avanzar con los otros temas, pero después de tanto tiempo, no hemos logrado la unidad y creo que estamos más lejos de ella ahora que antes. Esta es mi apreciación. 

Creo que tenemos que ponernos a trabajar. En cuanto a mí nunca he pasado años tan angustiosos como estos. A medida que vi sepultarse poco a poco este mover del Espíritu, mi alma se conmovió dentro mío. Noches enteras gimiendo, he grabado no sé cuántos casetes con meditaciones  para mi propio desahogo, hablando a cualquiera y a nadie en particular. En mis oración al Señor mencioné muchas veces nombres, porque hay quienes son más responsables que otros. Los que más alto han ido, los que más adelante fueron y se hicieron conductores, más responsabilidad tienen. 

Yo no me he ido porque tengo un pacto. Sin duda yo he contribuido también al debilitamiento. Mis exageraciones, mis triunfalismos han dado lugar a más confusión. Pero yo me pregunto, ¿quién hay que haya tenido la experiencia de participar en un movimiento como este que no se haya equivocado en alguna cosa? Sin embargo, ante esta pregunta cabe hacernos otra: ¿qué hay que hacer con los errores cometidos? ¡Hay que enderezar lo que se torció! Hay que volver a revisar y poner en orden las cosas desordenadas, las exageraciones. Al final de cuentas ¿quién hay de nosotros que conoció y que es experto en movimientos de restauración de la Iglesia? -¡nadie!

Entonces, si nos hemos equivocado, si hemos exagerado, ¡reconozcámoslo! Enderecemos lo torcido sin descartar todo, sin abandonar la fe en Dios o la fe en este movimiento de restauración simplemente porque alguno se salió un poco de curso,  porque alguno exageró. ¿Se puede hacer algo tan nuevo como, por ejemplo,  ver edificada por primera vez en veinte siglos una Iglesia unida por coyunturas, una iglesia-familia de Dios, un cuerpo nutriéndose, como dice Pablo en Corintios y en Efesios y en Colosenses, sin que haya que corregir algo, algo tan nuevo como eso puede hacerse prístinamente de entrada? ¿No necesitará el auxilio de la corrección?
 
¿No necesitará la paciencia de los que ministran? Pero se abandonó, se abandonó todo; se tiró el discipulado por la borda, las reuniones de las casas, la formación de líderes, todo se ajó, porque algunos exageraron, porque algunos se extralimitaron, porque algunos se escandalizaron, porque algunos tomaron estas cosas para la gloria de su carne. Aprendamos la lección, corrijamos lo torcido, pero no desechemos todo de manera indiscriminada. Tiremos lo vil, conservemos lo puro, lo santo, la intención de Dios, el propósito bien claro y marchemos adelante conforme al propósito que Dios nos ha enseñado. 

Me parece que lo que Jorge y Afif trajeron de Ecuador, podría bien ser un resumen de los lo que Dios quiere de este mover como fundamento de verdad: ¿Qué quiere Dios? -Primer principio: Que todos los hombres del mundo sean discípulos. Segundo: Que todos los discípulos sean conformados a la imagen de Cristo. Tercero: que todo discípulo conformado a la imagen de Cristo sea unido y compactado en un cuerpo, bien relacionado entre sí con todas las coyunturas que se ayudan mutuamente (Ese cuerpo que es la Iglesia, es la familia de Dios en la tierra, es el Reino de Dios en el mundo, sal de la tierra y luz del mundo). Cuarto: ¿Qué nos ha dado Dios como herramientas para realizar estas tareas? Nos ha dado la Palabra, el Espíritu Santo, la Oración y los dones del Espíritu, los ministerios y ya con esa base, suficiente. ¡Hagámoslo! ¡Realicemos la obra! Hay que establecer una estrategia; hay algunas reglas divinas que debemos seguir, ponernos en los caminos, preguntar por las sendas antiguas. 

Tenemos que volver atrás, tenemos que volver no 20 años ni 30, sino dos mil años. Tenemos que volver a instaurar la doctrina, temblando ante la Palabra, única regla de fe, único tribunal fidedigno al cual podemos apelar para toda razón de verdad y justicia delante de Dios. Volver. Volver al tiempo donde encontramos el modelo, en la iglesia primitiva, en los apóstoles, en Cristo. Zafarnos de toda doctrina de error que se ha ido infiltrando aquí y allá, siendo drásticos, tratando el desvío como Pablo trataba a los que engañaban a la iglesia trayendo novedades engañosas. 

Hagamos esto con toda desviación o duda de los principios fundamentales que Dios nos ha dado, por más pequeña que sea, basándonos exclusivamente en la palabra de Cristo y la palabra apostólica;  basándonos exclusivamente sobre la visión de la Iglesia que ellos tenían y cómo ellos la trazaron en el primer siglo. Volvamos al modelo del principio. 

Como un ejemplo de esto, menciono mi parecer respecto a que no nos ayudó haber adoptado edificios. Representan más un peso que un recurso que nos favorece. No solo cuestan dinero sino que nos llevan, sin darnos cuenta, a perder el orden de iglesia-familia, y a organizarnos obligadamente en estructuras  que acaban ocupando nuestro tiempo y energía.

Debemos volver a establecer los principios, cada uno específicamente. Mejor dicho, debemos establecer los principios, porque, en verdad, no lo hemos hecho. Hago un llamado a establecer definitivamente el modelo de Cristo como el único modelo a seguir. Juan nos dice nuevamente hoy: "El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo". Jesús nos dice hoy: "Sígueme",  y, he aquí, él va delante de nosotros. 

Nuevamente, nos  invita: "Toma mi yugo, aprende de mí" -¿Qué puede haber más contundente, más claro? Jesús no es solo el modelo sino la fuente de toda verdad, pan que debemos comer cada día, el agua viva que debe fluir de nosotros. El modelo no nace de nosotros mismos sino que sale del mismo trono de Dios. A través de la redención que hemos recibido, a través de la intercesión maravillosa de nuestro Gran Pontífice  y por la sangre de la cruz, tenemos la posibilidad de caminar con Cristo y andar como Él anduvo. ¡Aleluya! Él nos dice: ¡VOLVEOS, VOLVEOS, ¿POR QUÉ MORIRÉIS?!

viernes, 22 de abril de 2016

No caigas en el error

No caigas en el error



No caigas en el error

Al ver el gran modelo que es Jesucristo, nuestro señor, entendemosque es el evangelio predicado por el y sus discípulos, NO es deprosperidad material ni de oferta, como en que escuchamos en estosúltimos tiempos, un supuesto evangelio decadente, que se olvida delas condiciones y de las pautas reflejadas en la sana doctrina.Comoestá escrito, no hay que buscar a Dios para prosperar materialmente,o para obtener las añadiduras, ya que el mismo nos dijo.... Buscadprimeramente el reino de Dios y su justicia y la de más cosas seránañadidas..... Cristo mismo cuando estuvo en la tierra nunca predicóacerca de la prosperidad material individual: si no HACER tesorosen los cielos Lucas: 12: 32-34, Mateo: 6: 19,21, mire afanarse,Mateo 6: 31-33, Dios nos va a dar a nosotros en la mediana en que lobusquemos y sirvamos.Cristo siendo rico se hizo pobre y anduvo con los más olvidados, losmás destruidos, los sin esperanza....... Siendo el REY no tomó esapostura, sino que se humillo y se hizo hombre filipenses: 2: 1-11,el más que nadie conoce la necesidad del ser humano. El propósito dela vida no es tener éxito, si no ser fiel y parecernos cada día mása Jesús, nos quiere decir a nosotros es que seamos familia deCristo, y no una reunión será show, donde nos sentamos, aplacamosnuestras conciencias, y nuestro dinero es el seguro de nuestraBENDICIÓN personal.Nosotros somos jóvenes que al interpretar el mensaje de estaspersonas que desvirtúan lo que Cristo quiere decir en este tiempo,lo comparamos con lo que el apóstol Pablo dice en 2timoteo 1: 5podríamos decir que los que predican, dice lo que la gente quiereoír, haciendo fábulas y utilizando el error como armas para atraer yengañar al pueblo con una doctrina demoníaca, como marca jeremías23 -16. Por todo lo dicho, no dejaremos de marcar el error de estacorriente que hace perder a muchos.La vida cristiana tiene que ser equilibrada, no irse de un extremoal otro, Pablo sabía vivir en abundancia y el escasez. Con éstaslíneas no intentamos agraviar a nadie, sino que en el temor delseñor rogamos: volvamos a las bases, veamos cómo era la iglesiaprimitiva, debemos servirnos, cubrirnos en las necesidades ypredicar todo el evangelio del reino de Dios.
El propósito de la vida es servir a un solo
 SEÑOR:¿quién será nuestro señor?¿Cristo o el dinero?

 Este escrito fue escrito por jóvenes del Buenos Aires del oeste en el año 2000.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Los que Debieron ser Murallas, hoy son diques rotos, dejaron entrar el error en la iglesia

Los que Debieron ser Murallas, hoy son diques rotos, dejaron entrar el error en la iglesia ,







 Los que un día proclamaron verdad y justicia y sus enseñanza , corregían y llevaban santidad  -

Esos mismo hoy, se sientan cómodamente , buscando un activismo barato, dando nuevas teorías y abriendo mas el camino que era estrecho, rompiendo lo que ellos mismo enseñaron y sobre todo lo que la misma palabra marca.

Las generaciones  se pierden, se alejan y eso mismo siguen fabricando fabulas,

Pero la generación de strees no entiende , no ve los que el Señor enseño desde un principio.

hoy se necesita  hombres y mujeres, que ante la mentira, ante la maldad ante el mundo ante la corriente de este siglo ante todo esta perversa generación etc etc etc.

 Den su vida, como continuación, del sacrificio de nuestro Señor , eso es apostolado, servicio  es lo que Se ve en Cristo y en los apóstoles una vida derramada en la iglesia, en la proclamación del evangelio...


Que difícil es despertar , ver claramente, que difícil, es a esta generación, entender que con palabra y activismos, no llegamos a nada,  que si hoy se ve el fracaso, no es por nuestro Padre, sino por nuestra carnalidad.

nos hemos vuelto cómodamente insensibles


 somos espectadores, que en momentos específicos, damos un poco, pero después seguimos en nuestra comodidad cristiana

 Dios que juzgara todo, reprenda y tenga misericordia ,que salve a esta generación....

 que levante  hombre y  mujeres que no busque el error sino caminar en sus pasos, en los De Jesucristo, en los cuales jamas debieron apartarse .

Padre te ruego que se haga tu voluntad como se hace en el cielo perdónanos como nosotros perdonamos y nos ayudes a Seguirte hasta el fin.

MSA 

http://revelarhoy.blogspot.com.ar/2012/04/tenemos-que-pensar-y-procurar-la.html



jueves, 15 de octubre de 2015

La Iglesia De Cristo: se desarrolla en la Forma de Cristo…

La Iglesia De Cristo: se desarrolla en la Forma de Cristo…


No hay duda que, como Cabeza de la iglesia, debemos caminar en sus pasos, en su forma, en su camino...
 Si Dios   revela esta verdad a los corazones, a los que tienen la responsabilidad de mostrar el camino, no tendremos necesidad de volver y reafirmar lo que significa la iglesia… porque se vivirá y será como el Maestro dijo: “… luz y sal…”.
Ahora… existe una realidad… cuando los hombres no entendemos a nuestro Padre, cuando la Iglesia no entiende y trata de llevar acabo algo que no ve, que no siente, y  que no está marcado a fuego en su interior , fácilmente se ven los resultados- buenos o malos- .
Actualmente estamos en un situación difícil para evaluar esta verdad, porque la evaluamos según nuestras prácticas, conceptos y especulaciones y no a la luz del camino que propuso el Señor para la iglesia; debemos ser sabios en esto y sopesar nuestras prácticas con la Palabra abierta, cuestionar si las mismas coinciden    con las que están como ejemplo a seguir en la Biblia… seremos capaces de hacer esto?.
Si hay una verdad que debemos tener presente es que: “…por los frutos los conoceréis…”, no por las palabras!  Las palabras vacías… discursos “seudopolíticos” de adiestrados en la oratoria que nos quieren convencer enunciando una revelación dada por Dios, queda sin efecto sin una vida que la practique y la haga visible...
 A través de la historia de la iglesia, vemos que se necesitaron hombres que rompieron con prácticas y tradiciones que no tenían asidero bíblico, su compromiso y valentía permitieron traer santidad a la iglesia. En estos tiempos, últimos tiempos, el Señor necesita el compromiso de hombres y mujeres que se comprometan con Su verdad y rompan con las tradiciones aún vigentes, aquellas formas de vivir el cristianismo sin el genuino guiar del Espíritu Santo.
“…Porque el Reino de los cielos no es cuestión de palabras sino de poder!...”
Que el Señor tenga misericordia de nosotros...




M.S.A.

lunes, 1 de junio de 2015

Ivan Baker Verdadero evangelio

Verdadero evangelio





hace click y mira el vídeo 


Mira el vídeohace click aquí !!!


Extraído de la pagina :

https://vimeo.com/129242687

lunes, 29 de diciembre de 2014

jueves, 1 de agosto de 2013

El Quinto Evangelio, el Evangelio Según los Santos Evangélicos !!!

El Quinto Evangelio,
el Evangelio Según los 

Santos Evangélicos





¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?


(Lucas 6:46). En nuestro idioma castellano ha surgido un interesante
problema en torno a la palabra "Señor". Al dirigirnos a alguien lo
hacemos diciéndole señor Pérez, señor Fernández, y también a Jesús
lo llamamos Señor.

Esta falta de distinción ha hecho que perdiéramos el verdadero
concepto o significado de la palabra "Señor". El hecho de que a
Jesús lo llamemos "Señor" no despierta en nosotros ningún
reconocimiento en cuanto al verdadero significado de esa palabra.
Sin embargo esto no sucede únicamente en los pueblos de habla
hispana. Lo mismo ocurre con los de habla inglesa, aun cuando
empleen dos palabras: mistery Lord; la primera la usan para las
personas y la última para dirigirse a Jesús. Es posible que el
concepto de Lord haya perdido su significado a causa de¡
comportamiento poco encomiable de los lores ingleses.
En la actualidad la palabra Señor no tiene para nosotros el MISMO
significado que tuvo en los tiempos en que Jesús vivió sobre la faz
de la tierra. Entonces esta palabra se usaba para referirse a la
autoridad máxima, al primero, al que estaba por encima de los demás,
al dueño de toda la creación. Los esclavos se dirigían a sus amos
utilizando la palabra griega kirios ("señor") escrita en minúscula.
Pero si esta palabra estaba escrita en mayúscula, entonces se
refería a una sola persona en todo el Imperio Romano. El César era
el Señor. Más aún, toda vez que algún funcionario del estado o tal
vez algún soldado se cruzaban por la calle tenían que saludarse
diciendo " ¡César es el Señor!" Y la respuesta habitual era " ¡Sí,
César es el Señor!
Es así que los cristianos en aquel entonces se veían confrontados
con un problema bastante difícil. Toda vez que alguien los saludaba
con las consabidas palabras - ¡César es el Señor! -invariablemente
su respuesta era-: No, ¡Jesucristo es el Señor!-. Esto les creó
dificultades, no porque César tuviera celos de ese nombre, sino que
era algo que tenía raíces más profundas. César no tenía la menor
duda respecto de lo que ello significaba para los cristianos;
estaban com. prometidos con otra autoridad. En sus vidas Jesucristo
pesaba más que el propio César.
Su actitud decía bien a las claras: "César, tú puedes contar con
nosotros para ciertas cosas, pero cuando nos veamos forzados a
escoger, nos quedaremos con Jesús por cuanto le hemos entregado
nuestras vidas. El es el primero. Es el Señor, la autoridad máxima
para nosotros". No es de extrañarse entonces que el César hiciera
perseguir a los cristianos.
El Evangelio que tenemos en la Biblia es el Evangelio del Reino de
Dios. Allí encontramos a Jesús como el Rey, como el Señor, como la
autoridad máxima. Jesús es el eje sobre el cual gira todo. El
Evangelio del Reino es un Evangelio que se centra en Jesucristo.
Sin embargo en estos últimos siglos hemos venido prestando oídos a
otro Evangelio, uno centrado en el hombre un Evangelio humanista; el
Evangelio de las grandes ofertas, de las grandes liquidaciones; el
Evangelio de las colosales rebajas. Es un Evangelio en que el pastor
dice: "Señores, si ustedes aceptan a Jesús" (ya en esto solamente
hay un problema por cuanto es Jesús que nos acepta a nosotros y no
nosotros quiénes lo aceptamos a El. Hemos puesto al hombre en el
lugar que legítimamente le pertenece a Jesús Y por lo tanto ahora el
hombre ocupa un lugar muy importante) - Y el evangelista
agrega: "Pobre Jesús, está llamando a la puerta de tu corazón. Por
favor, ábrele. ¿Es que no lo ves allí fuera tiritando de frío? Pobre
Jesús, ábrele la puerta". No es de extrañarse entonces que los que
están escuchando al evangelista piensen que si se hacen cristianos
le harán un favor a Jesús.
Muchas veces hemos dicho a la gente: "Si usted acepta a Jesús tendrá
gozo, paz, salud, prosperidad . . . Si le da cien pesos a Jesús El
le devolverá doscientos. . . " Siempre apelamos a los intereses del
hombre. Jesús es el Salvador, el Sanador, el Rey que vendrá por mí.
Mí, yo, son el centro de nuestro Evangelio.
Las reuniones que realizamos se centran alrededor del hombre. Hasta
la misma disposición del mobiliario, los bancos, el púlpito son para
el hombre. Cuando el pastor prepara su bosquejo para el desarrollo
de la reunión no piensa en Dios sino en su audiencia. "Para el
primer himno todos se pondrán de pie, para el segundo estarán
sentados para no cansarse; después habrá un dúo para cambiar un poco
el ambiente, luego haremos alguna otra cosa y todo cuanto Se hace
tiene que tener cabida en una hora para que la gente no se canse
demasiado". ¿Dónde está Cristo el Señor en todo esto?
Y con nuestros himnos ocurre lo mismo. "Oh Cristo mío". "Cuenta tus
bendiciones". ¡Y qué decir de nuestras oraciones! "Señor, bendice mi
hogar, bendice a mi esposo, bendice también a mi gatito y al perro
por amor de Jesús. Amén". Esa oración no es por amor de Jesús sino
por ¡amor a nosotros! Con frecuencia empleamos las palabras
apropiadas, con una actitud equivocada. Nos engañamos a nosotros
mismos.
Nuestro Evangelio viene a ser como la lámpara de Aladino de las Mil
y una noches; pensamos que si lo frotamos recibiremos lo que
queremos. No es de extrañarse que Karl Marx llamara a la religión el
opio de los pueblos. Tal vez tuviera razón, no era ningún tonto.
Sabía que nuestro Evangelio con frecuencia no es nada más ni nada
menos que una vía de escape para la gente.
Pero Jesucristo no es un opio. El es el Señor. Usted debe venir y
entregarse a Jesús Y cumplir con sus demandas cuando El habla como
Señor.
Si nuestros dirigentes hubieran sido amenazados por la Policía y el
sumo sacerdote tal como ocurrió con los apóstoles, es posible que
hubieran orado así: "Oh, Padre, ten misericordia de nosotros.
Ayúdanos, Señor. Ten piedad de Pedro y de Juan. No permitas que los
soldados les hagan ningún mal. Por favor danos una vía de escape. No
permitas que suframos. Oh, Señor, mira lo que nos están haciendo.
¡Deténlos, no dejes que nos hagan daño!" Nosotros, nuestro, yo, mi.
Sin embargo cuando leernos en el capítulo cuatro de los Hechos vemos
que ellos no oraron así. Fíjese cuántas veces los apóstoles dijeron
tú.
Y ellos, habiéndole oído, alzaron unánimes la voz a Dios, Y dijeron:
Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el
mar y todo lo que en ellos hay: que por boca de David tu siervo
dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan
cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se
juntaron en uno contra el Señor y contra su Cristo. Porque
verdader,7mente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo
Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y
el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían
antes determinado que sucediera. Y ahora, Señor, mira sus amenazas,
y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra,
mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y
prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron
orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron
llenos del Espíritu Santo ... (versículos 24-31)
No se trata de un problema de semántica sino que me estoy refiriendo
a un gran problema que tenemos en las iglesias respecto de nuestra
actitud. No es suficiente que usemos otro vocabulario; debemos dejar
que Dios tome nuestros cerebros, que los ¡ave con detergente, que
los cepille bien fuerte y que nos los vuelva a colocar en una manera
distinta de su posición previa. Todo nuestro sistema de valores
tiene que ser cambiado.
Somos como aquellas personas de la Edad Media que creían que la
tierra era el centro del universo. Ellos estaban equivocados y
nosotros también. Pensamos que somos el centro del universo y que
tanto Dios como Jesucristo y los ángeles giran alrededor nuestro. El
cielo es nuestro, todo es para nuestro provecho.
¡Cuán equivocados estamos! Dios es el centro. Es necesario que
nuestro centro de gravedad cambie. El es el Sol y nosotros debemos
girar alrededor de El.
Pero es muy difícil cambiar nuestro patrón de pensamientos. Aun
nuestra motivación para la evangelización se centra en torno al
hombre. Muchas fueron las ocasiones que escuché decir mientras me
encontraba estudiando en el Seminario: -Queridos alumnos, ¡fíjense
en las almas perdidas! Esa pobre gente irremisiblemente va camino al
infierno. Cada minuto que pasa otras cinco mil ochocientas veinte y
dos personas y media se van al infierno. ¿No sienten lástima de
ellos? -Y nosotros llorábamos y decíamos-: Pobre gente. ¡Vayamos a
salvarla!- ¿Se da cuenta? Nuestra motivación no era el amor a Jesús
sino el amor a las almas perdidas, que toda nuestra motivación debe
ser Cristo. No predicamos a las almas perdidas porque están
perdidas. Vamos para extender el Reino de Dios porque así lo dice
Dios y El es el Señor.
Nuestro Evangelio en la actualidad es lo que yo llamo el Quinto
Evangelio -Tenemos los Evangelios según San Mateo, San Marcos, San
Lucas, el de San Juan y el Evangelio según los Santos Evangélicos.
Este Evangelio según los Santos Evangélicos se basa en versículos
entresacados de aquí y de allá en los otros cuatro Evangelios.
Hacemos nuestros todos los versículos que nos gustan, los que nos
ofrecen o prometen algo, como Juan 3:16, Juan 5:24 y otros, y con
esos versículos formamos una Teología Sistemática en tanto que nos
olvidamos por completo de los otros versículos que nos confrontan
con las demandas de Jesucristo.
¿Quién nos autorizó a hacer semejante cosa? ¿Quién dijo que estamos
autorizados para presentar solamente una faceta de Jesús? Supóngase
que se celebrara un matrimonio y llegado el momento de pronunciar
los votos el hombre dijera: -Pastor, yo acepto a esta mujer como mi
cocinera personal, y también como mi lavaplatos personal.
No me cabe la menor duda que la mujer diría:
- ¡Un momentito! Sí, voy a cocinar, voy a lavar los platos, voy a
limpiar la casa, pero no soy una mucama. Voy a ser tu esposa. Tú
tienes que darme tu amor, tu corazón, tu casa, tu talento, todo.
Y lo mismo es verdad respecto de Jesús. El es nuestro Salvador y
nuestro Sanador, pero no Podemos cortarlo en pedazos y tomar
solamente aquellos que nos gustan más. A veces nos parecemos a los
niños cuando se les da una rebanada de pan con mermelada; se comen
la mermelada y vuelven a darnos el pan. Entonces volvemos a poner
más mermelada y de nuevo se la comen y nos vuelven a dar el pan.
El Señor Jesús es el Pan de Vida y tal vez el cielo sea como la
mermelada. Es necesario que comamos tanto el pan como la mermelada.
¿Qué le parece que sucedería si en algún gran Congreso de Teólogos
se llegara a la conclusión de que no hay ni cielo ni infierno?
¿Cuántas personas seguirían asistiendo a la iglesia después de un
anuncio de esa naturaleza? La mayoría no volvería a poner los pies
en la iglesia. "Si no hay cielo, ni tampoco infierno, ¿para qué
venimos aquí?" Esas personas van a la iglesia nada más que por la
mermelada, es decir por sus propios intereses, para ser sanados,
para escapar del infierno, para ir al cielo. Los tales son los que
siguen el Quinto Evangelio.
El día de Pentecostés, después que Pedro concluyera su sermón, dijo
con toda claridad: "Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de
Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha
hecho Señor y Cristo" (Hechos 2:36). Ese fue su tema.
Cuando los oyentes comprendieron que Jesús era en realidad el
Señor "se compungieron de corazón" (versículo 37) y
preguntaron: "Varones hermanos, ¿qué haremos?"
La respuesta fue: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en
el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el
don del Espíritu Santo" (versículo 38). En Romanos 10:9 encontramos
resumido el Evangelio de Pablo: "Si confesores con tu boca que Jesús
es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los
muertos, serás salvo". El es mucho más que Salvador, es el Señor.
Y ahora voy a darle un ejemplo de lo que es el Quinto Evangelio.
Lucas 12:32 dice: "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre
le ha placido daros el reino". Este es un versículo muy conocido.
Muchísimas veces prediqué sobre ese texto.
Pero, ¿qué me dice del versículo siguiente? "Vended lo que poseéis,
y dad limosna". jamás escuché ningún sermón basado en este texto
porque no está en el Evangelio según los Santos Evangélicos. El
versículo 32 forma parte de nuestro Quinto Evangelio, pero el 33
aunque es también un mandamiento de Jesús lo ignoramos por completo.
Jesús nos mandó no matar.
Jesús nos mandó amar a nuestro prójimo.
Jesús nos mandó vender nuestras posesiones y darlas a los
necesitados.
¿Quién tiene el derecho de decidir cuáles mandamientos son
obligatorios y cuáles son optativos? ¿Me comprende? El Quinto
Evangelio ha hecho algo extraño: ¡nos ha dado mandamientos
optativos! Si uno quiere los cumple y si no, es lo mismo.
Pero ese no es el Evangelio del Reino.


Extraido del libro Discipulo